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MANEJO DEL ESTRÉS POST-COVID


Autor: Dr Pablo Odeley Puente Fumero, Medico de Urgencias

(Articulo escrito para Topdoctors)

Palabras clave: COVID-19, SARS-CoV-2, epidemia, cuarentena, estrés post-traumático, trastorno mental, salud mental, secuelas, seguimiento.

Resumen

El SARS-CoV-2 es un virus con sintomatología predominantemente respiratoria y alto índice de transmisión que se ha extendido a nivel pandémico, imponiéndose la cuarentena en varios países durante largas temporadas. Directa o indirectamente, todos los afectados pueden padecer secuelas post-traumáticas como consecuencia de este evento tan inmediato e inesperado que no da margen para la adaptación. Por este motivo, intentamos dar respuesta a estas secuelas psicológicas que perduran en el tiempo, con consejos para su abordaje y curación. Estas secuelas pueden ser agudas o crónicas pero con un correcto tratamiento y comprensión, se pueden abordar con éxito. La prevalencia de los síntomas del Trastorno de Estrés Post-traumático es alta en estos pacientes, lo que evidencia la necesidad de realizar más estudios sobre el origen de estas secuelas y su divulgación con el objetivo de un tratamiento más inmediato y precoz. También se puede promocionar medidas de prevención como pueden ser las educativas para aliviar el estigma que en algunos países se da al padecimiento de la enfermedad COVID-19. El abordaje multidisciplinario es y seguirá siendo una herramienta clave en la curación de estos pacientes, ya sea a nivel farmacológico o psicológico, para mejorar el pronóstico de la COVID-19 a largo plazo.

¿Qué es el COVID-19?

En 2020 una pandemia debida a la infección por el Síndrome Agudo Respiratorio Severo Coronavirus-2 supuso una crisis sanitaria a nivel mundial con un alto número de pacientes y un bajo número de recursos (Kang et al, 2021). La enfermedad por COVID-19 es aquella causada por el virus SARS-CoV-2, que puede cursar de forma completamente asintomática o causar la enfermedad previamente mencionada. Al ser una enfermedad reciente, todavía no se sabe cuales son las consecuencias a largo plazo o secuelas, en los pacientes afectos, aunque los síntomas a corto plazo han muy sido bien descritos (Bellan et al, 2021) y durante el transcurso de la enfermedad suelen ser nulos o mínimos (Kang et al, 2020), lo que ha tenido consecuencias a nivel de transmisión, llegando a niveles pandémicos. La clínica puede manifestarse desde con una afectación leve de las vías aéreas altas hasta un fallo respiratorio severo. Los síntomas leves suelen ser fiebre, tos y cansancio mientras los graves son el síndrome de distrés respiratorio, shock y sepsis. Debido al temor al virus, la incomodidad física y el aislamiento social, los pacientes pueden adolecer también de soledad, enfado, ansiedad, depresión e insomnio (Ma et al, 2020). Desde el principio de la pandemia se han enfocado en la clínica de esta enfermedad, sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo. Esto ha dado la posibilidad de optimizar el tratamiento y estimar el pronóstico de una forma más fiable. Se sospecha que las secuelas físicas podrían llegar a durar años, como sucede con la disminución de la capacidad pulmonar en el SARS, y esto puede tener un impacto psicológico en los pacientes (Bellan et al, 2021). El descubrimiento de estas secuelas es primordial para saber si será seguro bajar la guardia. Monitorizar a los pacientes es la forma de conocer estas secuelas (De Lorenzo et al, 2020) y un estudio reciente ha confirmado que la prevalencia de síntomas del Trastorno de Estrés Post-traumático en estos pacientes es del 96,2%. Esto hace que surja la necesidad de que se dé a conocer esta secuela psicológica para su tratamiento precoz e inmediato (Ma et al, 2020).

• ¿Qué se define por 'Secuelas Postraumáticas'?

Las secuelas postraumáticas se pueden resumir en el daño psicológico desencadenado por una situación traumática (Tarsitani et al, 2021) que sobrepasa la capacidad de la persona para enfrentarse a ella (Ma et al, 2020). Este daño se manifiesta como conductas dinámicas en el tiempo conforme se van modificando los factores biológicos, psicológicos y sociales. Pueden ser agudas, limitándose a un recuerdo del evento traumático (Tarsitani et al, 2021), llamándose Trastorno de Estrés Agudo (Ma et al, 2020). También pueden evolucionar de forma crónica cuando no hay recuperación y aparecer meses después, correspondiendo al Trastorno de estrés postraumático, designado por el DSM-V y CIE-10 (Gonzalez M et al, 2010), siendo considerado un trastorno mental grave pero tratable (Tarsitani et al, 2021).

• En el caso del COVID, ¿qué tipo de secuelas postraumáticas puede sufrir una persona tras haber pasado el COVID?

Hay una alta incidencia de trastornos mentales en los supervivientes del SARS-CoV, virus que apareció previamente al que nos ocupa. Esta alta incidencia se ve también en pacientes COVID-19 afectos y curados. En las investigaciones realizadas, se comprobó que los más frecuentes son depresión, ansiedad y trastorno de estrés post-traumático (Horn et al, 2020), siendo este último el más frecuente (Kang et al, 2021). El trastorno por estrés postraumático, en pacientes que han pasado el COVID, tiene menos prevalencia que en epidemias previas como la del SARS-CoV (Horn et al, 2020). Estos pacientes pueden padecer cualquiera de los síntomas establecidos en el cuestionario del DSM-V (Tarsitani et al, 2021), deteriorando su salud mental. El origen puede estar, en gran medida, en que una de las medidas para enfrentarse al alto índice de transmisión del coronavirus fue la cuarentena. En el estudio de sus efectos se encuentran entre éstos el suicidio, el enfado y otros efectos psicológicos (Kang et al, 2021). También puede suponer un obstáculo psico-social por el temor a contagiar a otras personas que desemboque en un nuevo aislamiento social (Park et al, 2020).

Hay que recalcar que aunque muchas veces no se mencione a los profesionales sanitarios, el deterioro de la salud mental de estos puede considerarse una consecuencia directa de la situación pandémica provocada por la enfermedad COVID-19, a corto o largo plazo, con lo cual acaban requiriendo el mismo tratamiento y seguimiento que sus pacientes, cuyo cuidado depende directamente de los sanitarios (Stuijfzand et al, 2020).

• ¿Existen pacientes más propensos a padecer secuelas postraumáticas post COVID?

En determinados estudios se ha hallado en algunos factores una relación con las secuelas postraumáticas post-COVID. Algunos son el delirio o agitación durante el padecimiento de la enfermedad COVID-19 (Janiri et al, 2021). Otros que directamente pueden ser considerados como factores de riesgo son el sexo femenino (Janiri D et al, 2021; Tarsitani et al, 2021), el estigma por haber sufrido la enfermedad (Kang et al, 2021; Park et al, 2020), la duración de la cuarentena (Kang et al, 2021), un historial previo de Salud Mental o la obesidad, la cual ha demostrado ser tanto factor de riesgo como consecuencia del Trastorno de estrés postraumático. El sexo masculino (Tarsitani et al, 2021) y la hospitalización se consideran factores protectores (De Lorenzo et al, 2020).

• ¿De qué manera puede abordarse el tratamiento de las secuelas postraumáticas post COVID?

El primer paso a dar es la promoción de salud, que sería proveer de los servicios básicos, seguridad, y comunicaciones a los pacientes, que se podrían dividir según sus síntomas, aunque todos acaban soportando las consecuencias del aislamiento. Estas consecuencias psicológicas pueden ser sentimientos de culpabilidad, ansiedad por la incertidumbre que genera esta enfermedad tan desconocida antes, preocupación por una estabilidad laboral, frustración al posponerse eventos importantes y aburrimiento. Todas ellas se podrían abordar para minimizar efectos psico-sociales (Kang E et al, 2021).

La cuarentena ha supuesto un aislamiento obligatorio que viola de derechos humanos básicos, existiendo la posibilidad de que todo ello suponga una experiencia traumática para los afectados por ella (Kang E et al, 2021). Convertir esta cuarentena en algo más llevadero puede ayudar a acortar el tratamiento y la necesidad de éste tras el evento traumático si se minimiza este evento. Una forma es la atención psicológica o social durante la cuarentena para que el aislamiento social del paciente sea menor.

El alojamiento en Centros de Tratamiento Comunitario, como sucedió en Corea del Sur, ha hecho que los pacientes tuvieran una rápida resolución de las preocupaciones y ansiedad pocos días después, por la sensación de que estaban en manos de los profesionales adecuados, aunque si se alojaban más de cuatro semanas, aumentaba el riesgo de padecer depresión. Por dicho motivo estos centros resultarían ideales para pacientes poco sintomáticos con un ingreso de corta duración que permita que los pacientes graves puedan ser atendidos adecuadamente en hospitales adecuadamente equipados (Kang et al, 2021).

A nivel de tratamiento farmacológico, el disponible es limitado ya que las benzodiazepinas, ampliamente utilizadas para el tratamiento de estados ansiosos, tienen un efecto depresor de la respiración que no es compatible con los pacientes dañados a nivel pulmonar (Ma et al, 2020).

En conclusión, un seguimiento multidisciplinar siempre será la mejor forma de abordar las posibles secuelas que pueden aparecer tras la enfermedad por COVID-19, priorizándose a personas de edad avanzada o con comorbilidades (De Lorenzo et al, 2021). Si este seguimiento se hace estrecho, con un importante apoyo psicológico (Stuijfzand et al, 2020) optimizará su utilidad en el manejo de estas secuelas post-traumáticas, las cuales están en calidad de trastorno mental para su evaluación, prevención, tratamiento y seguimiento como otros trastornos similares. Esto se hace con el fin de mejorar el pronóstico a largo plazo de estos pacientes (Soh et al, 2020).

Bibliografía

Gonzalez M et al. El desarrollo de las secuelas postraumáticas: Factores que intervienen y elementos clínicos. Hospital Central de la Defensa “Gomez Ulla”. 11º Congreso Virtual de Psiquiatría. 2010.

Tarsitani L, Vassalini P, Koukopoulos A, et al. Post-traumatic Stress Disorder Among COVID-19 Survivors at 3-Month Follow-up After Hospital Discharge. J Gen Intern Med. 2021;36(6):1702-1707.

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